
El efecto relajante del mar ha quedado reflejado en el arte, la decoración de hogares e incluso en la elección del lugar para pasar las vacaciones, pues es el entorno preferido por más personas para relajarse.
Existen varias razones para ello. Una es el color: el azul ejerce un efecto tranquilizador.
El psicólogo británico Nicholas Humphrey, demostró en un experimento con monos, que estos preferían entrar en un recinto pintado de azul ( se estabilizaba su presión arterial y disminuía su ritmo respiratorio, además, que los bebés se calman con más facilidad bajo una luz de esa coloración) que en otro de tonos rojos; lo cual sugiere que algunas de estas sensaciones son innatas.
La neurocientífica Shelley Batts, sugiere, que el sonido de las olas se acompasa con nuestra respiración, esto contribuye en gran medida a relajarnos, y el psicólogo Philippe Goldin, nos recuerda una interesante relación: el océano, el líquido amniótico y el cerebro tienen, en esencia, una composición similar.
Esta predisposición, explicaría por qué nos quedamos como atontados ante el movimiento de los peces que nadan en una pecera o un acuario. Investigadores británicos de las universidades de Plymouth y Exeter y el National Marine Aquarium han comprobado que contemplar este espectáculo también es bueno para la salud: ralentiza el ritmo cardiaco, reduce la tensión arterial y mejora el estado de ánimo.
Fuente: Colado, P.
Muy Interesante: ¿De verdad relaja el mar?
Fecha de consulta: 28/Noviembre/2017
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